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[Artículo] ‘Super Smash Bros. Ultimate’, ¿será la experiencia definitiva?

El último Nintendo Direct de Super Smash Bros. Ultimate pasó hace una semana, y, aunque el polvo se ha asentado, las ondas de choque han dejado un efecto duradero en los fanáticos de la saga, de los fans de Nintendo y de la industria en general. Centenares de memes burlándose de los fanáticos de Waluigi tras la inclusión de la Planta Piraña, decenas de rumores desmentidos, las diversas respuestas a un DLC costoso y lleno de incertidumbre, las reacciones tras la muerte de todo el universo Nintendo a la Infinity War en la que el único sobreviviente es el hijo de Sakurai, entre muchas otras respuestas tanto a favor como en contra de lo revelado.

El internet sigue reaccionando y probablemente lo hará hasta un par de semanas posteriores a la salida del juego mientras se desvela todo el contenido del modo historia y Espíritus, lo más nuevo que incorpora Sakurai y compañía en una franquicia que aunque longeva tiene pocos títulos. ¿Pero estas adiciones y los cambios propuestos a otros modos serán suficientes para convertir a Ultimate en la experiencia definitiva?

En cuanto a personajes los fanáticos siempre tendrán un motivo para quejarse, “¿dónde está Geno, Waluigi, Issac, Birdo?”, y un larguísimo etcétera que incluye desde lo bueno/lógico hasta lo ridículo. La plantilla de personajes de Ultimate deja en vergüenza a las de otros títulos de peleas que aun teniendo menos personajes dejan a la mitad como DLC. Este juego incluirá de base a 74 peleadores, una cantidad digna de admirar y en la que muchos personajes presentes en la anterior entrega han tenido diversos cambios en mecánicas y movimientos, lo que demuestra el enorme esfuerzo por parte del equipo de desarrollo que no se conformaron con solo trasladar lo del juego anterior. ¿Que nos hubiera gustado ver ciertas caras? Claro, pero despreciar una plantilla tan numerosa por uno o dos ausentes no tiene lógica, y en este sentido en solitario Ultimate es ya una entrega enorme.

Respecto a los cambios en la jugabilidad, el título presenta ciertos cambios muy solicitados y además ofrece diversos ajustes para que tanto nuevos como viejos jugadores, o buenos y malos, tengan una experiencia divertida, siendo la más importante la de handicap. En general en este aspecto no he visto casi nada negativo pero bien podría equivocarme, sin embargo, la reacción de la comunidad más competitiva ha sido de aceptación a los ajustes. Sakurai y su equipo parece han conseguido ofrecer diversas opciones adecuadas para el nivel de competitividad y habilidad de los jugadores, algo muy necesario para ser tanto el juego que exigen los jugadores más “hardcore”, así como un juego casual que se pueda jugar con los amigos en una reunión sin importar su experiencia con títulos de peleas.

Del modo espíritus y de historia hablaré un poco más a profundidad en otro artículo, pero la reacción del público al modo de historia seguro entusiasmó a Sakurai, a la inmensa mayoría le pareció perfecto que sea su hijo, Kirby, el que tenga la misión de salvar al universo Nintendo y se presenta como una historia épica, dándonos algo que se asemeja mucho a lo que vimos en el Emisario Subespacial pero con una ambientación que recuerda más a un JRPG que a un juego de plataformas. En cuanto al modo Espíritus, un adelanto del artículo próximo es que, resulta curioso que haya diversos elementos de juegos móviles en el concepto de esta nueva idea, que parece ser un lavado de cara del modo de desafíos/eventos.

Aun sin considerar todas las adiciones de música, escenarios, gráficos, etc., Super Smash Bros. Ultimate en contenido es más grande que cualquier entrega previa, es una celebración de lo que es la franquicia, de la historia no solo de Nintendo sino también de algunas compañías elegidas y la importancia que tienen en la industria. Así que, estamos casi seguros que sí, Super Smash Bros. Ultimate será la experiencia definitiva para los fanáticos de la saga, y de forma personal insisto, si esta es la carta de despedida de Sakurai de esta franquicia, no hay mejor forma de irse que por la puerta grande.