Análisis

[Análisis] ‘Freedom Planet’

Freedom Planet es otro indie retro que se sube al carro del éxito de los indies en Switch, en este caso estamos ante un juego no oculta sus referentes, desde el primer momentos sabremos que ofrece y de donde surgen sus ideas. Si las ejecuta bien o no lo veremos en este análisis.

Hay videojuegos que se han hecho un lugar en la historia, no necesariamente por su calidad, que no es que no la tengan, sino por su capacidad para definir géneros. Y no sólo se trata de juegos de hace años, cuando la industria estaba apenas en sus albores. Basta con mirar hoy día como Dark Souls ha permeado su influencia a infinidad de juegos, siendo un título relativamente reciente; o como PUBG hizo famosa una idea que se ha convertido en un nuevo modo de juego presente en sagas tan importantes como Call of Duty o Battlefield. Pero hoy no vamos a hablar de uno de esos juegos que definen géneros, sino que miraremos la otra cara de la moneda, uno de esos juegos que tiene inspiraciones claramente definidas y que toma prestadas una serie de mecánicas y decisiones de diseño, pero buscando tener su propia identidad, lo cual es sin lugar a dudas una tarea igual de difícil. ¿Lo logra? Ya lo veremos, en este análisis de Freedom Planet para Nintendo Switch.

Antes que nada, vamos a sacarnos de una vez el tema de los juegos en que se inspira. Seguramente se podrán hallar muchos, pero para mí son dos las claras influencias: Sonic y Megaman. En ese orden precisamente mi cerebro hizo la conexión. Lo primero que  noté al empezar el primer nivel (no hay tutorial, por cierto) fue cuánto se parecía a un juego clásico de Sonic, de los de 2D. Debo decir, en una opinión tal vez impopular, que para mí no fue algo bueno, y es que siempre he creído que la velocidad y la exploración, componentes presentes en estos juegos, son cosas que no se llevan muy bien. Afortunadamente el juego supo reivindicarse de este primer gusto amargo al ofrecerme la posibilidad de ir a mi ritmo.

En el caso de Megaman tenemos los jefes finales, claramente inspirados en la serie, aunque recalco que podría decirse esto de muchas otras, pero también me quedo con Megaman porque el manejo de la jugabilidad a través de dos personajes, que hacen que nuestra experiencia atravesando los mismos niveles sea completamente diferente. Y tengo que decir que hubo un momento donde mire la pantalla y no me quedó otra que decir “Esto es claramente Megaman ¡Vamos!”, al encontrarme con las dos compuertas y un pequeño pasillo que anticipan un jefe final.

Pero afortunadamente Freedom Planet no se queda en ser una simple copia de otros juegos. Es cierto que no tiene una característica específica que nos haga definir el juego, pero logra sumar muy bien todas sus partes para que el conjunto dé como resultado un juego divertido que cumple con lo que promete. Así que vale la pena que veamos estas partes en detalle.

Para empezar, gráficamente  la desarrolladora Galaxy Trail tenía muy claro lo que quería, una estética retro de la era de 16 bits que recuerda a los juegos ya mencionados. Nada que destacar ni criticar aquí. El estilo furry de los personajes está bien trabajado y se les logra dar bastante expresividad, sobre todo a los personajes principales. No son solo una serie de sprites de con unas cuantas animaciones, en las cinemáticas podemos ver que se ha hecho un trabajo más que decente con ellos. Además, la paleta de colores va muy bien con el tono del juego.

El apartado sonoro va por el mismo camino. La música se ajusta muy bien al ritmo de los niveles y situaciones en que estás en cada momento, y el doblaje de los personajes en inglés está bien trabajado. Esto, junto con las animaciones, logra otorgarles cierta identidad. Nuevamente, no hay nada que destacar, pero durante todo el juego puedes sentirte a gusto y eso ya está más que bien.

Ahora bien, si pasamos a la jugabilidad vale la pena detenerse un poco más. Si bien sigue siendo una amalgama de ideas existentes, nuevamente están muy bien desarrolladas. Freedom Planet trabaja muy bien el balance entre dificultad y frustración. Para empezar, ofrece dificultades para todos los gustos, en los niveles más bajos tendremos recuperación de salud y en los más altos recibiremos más daño del normal. La dificultad casual, por ejemplo, es ideal para los pequeños de casa o los jugadores menos experimentados. Pero el buen diseño no se queda sólo en los niveles de dificultad, tenemos por ejemplo el hecho de que la mayoría de enemigos no te hacen daño al tocarte, sino que deben hacerlo con algún ataque, una decisión de diseño muy acertada para no limitarnos si queremos ir por un estilo de velocidad para pasar los niveles.

Pero si queremos ir un poco más despacio contamos con las habilidades de nuestro personaje, el cual elegiremos al iniciar el juego entre la dragona Lilac y la gata Carol. Por mencionar solo algunas de las diferencias, la primera hace dashes y doble saltos, mientras que Carol puede adherirse a las paredes (*cof* Megaman *cof*), dar una serie de arañazos y tomar un objeto que le permite montarse en una moto. Los ataques especiales de cada una nos dan unos cuantos frames de invencibiliad, que si dominamos resultan muy útiles contra los jefes. Además nos queda un personaje desbloqueable que ciertamente hace que pasarse el juego vuelve a ser toda una aventura.

En cuanto a los jefes, estamos nuevamente ante otro aspecto bien trabajado del juego. Son los clásicos jefes con patrones de ataque bien definidos (que varían según la dificultad) y puntos débiles específicos, que da tanto gustito ver explotar en cámara lenta cuando les damos el golpe final. Que puedo decir, algunos placeres de los videojuegos son así de simples.

Todo esto lo acompañamos con una historia que no está mal pero que tampoco deja de ser una excusa para darnos golpes con todo lo que se nos atraviese. Que sí, que somos unos renegados tratando de salvar el planeta de un invasor alienígena que quiere apoderarse de la única fuente de energía, ¡Pero lo que queremos es ver morir jefes en cámara lenta! Y podemos hacerlo múltiples veces gracias a la rejugabilidad que ofrece el título. Para ello contamos con sus diferentes personajes, intrincados niveles y las diferentes estrategias que podemos adoptar, además de las múltiples dificultades y modos arcade y contra reloj que no caen mal, ¡ah y los logros!. Sí, hay bastantes razones para volver a Freedom Planet después de la primera vuelta.

En definitiva, Freedom Planet nos recuerda que no hace falta inventar la rueda para ofrecer una experiencia de juego disfrutable. Si se tiene claro lo que se quiere lograr, sin tratar de disimular los referentes, y se ejecuta de buena manera, los resultados hablarán por sí solos. Pues aunque no diré que fue una experiencia extasiante, sí lo disfruté, y quizás lo que más le puedo destacar es haberme dejado la idea de que tal vez pueda darle una oportunidad a esos Sonic 2D, todo un logro ¿No creéis?.