Análisis

[Análisis] ‘Polygod’

Polygod se mueve dentro de un cómodo diseño poligonal, que no llega a ser sorprendente, pero que viene lleno de dinámicas jugables interesantes, de haber tenido un mejor equilibrio entre ambos merecería una mayor atención.

Lo primero que encontramos es un menú simple que nos da una pequeña muestra de cómo será la estética poligonal del título. En este menú vemos algunas opciones, pero lo más importante, la opción de nuevo juego. Aquí podremos escoger entre un nuevo juego aleatorio o uno ya creado anteriormente. Esta es una de las características interesantes de Polygod, no es innovadora, pero refresca sus escenarios. Y es que la generación procedural está muy bien controlada, al punto que al jugarlo en distintas variaciones, se notan todas muy bien balanceadas.

Al empezar la partida te encuentras en una especie de espacio onírico, dónde unos seres que intuimos son dioses te guían para continuar a lo que es el primer nivel o prueba.

Los escenarios no son muy ricos en contenido, independiente de su estética poligonal, no proponen una arquitectura llamativa, más bien es simple y funcional, pues cada parte está bien planeada para hacer dinámico el movimiento por estos mundos, pero no llama la atención frente a juegos que han usado mejor este recurso de los polígonos.

Algo que puede llegar a cansar, es la sobresaturación en los colores. Una vez más funcionan los altos contrastes para diferenciar a los enemigos del entorno, pero visualmente no es llamativo y puede tornarse repetitivo en el transcurso de un solo nivel.

Cada enemigo tiene una dinámica distinta de ataque y movimiento, clara influencia del clásico shooter Doom, aspecto que se agradece, pues le da mayor fluidez al avance dentro del juego. Sus diseños son bastante simples pero claros, fáciles de entender y asimilar, lo que nos da una buena sensación de progresión y aprendizaje.

En cada nivel nos encontramos con sus altares respectivos. Estos altares contienen distintas mejoras que visualmente se irán agregando a nuestra arma como pequeños cubos de colores. Cada mejora varía ya sea el poder de ataque, la cantidad de disparos, salud recuperada, ataques especiales y un sinfín de “bendiciones”, como se le llaman dentro del argumento. Para obtener estas bendiciones debes pagarlas con almas, y cada enemigo vencido te da un alma. Dependiendo de la importancia de la bendición, será más o menos costosa su obtención. Esta decisión jugable es la que hace a Polygod un juego aceptable, que ante sus fallas gráficas, brinda un entretenido sistema de juego que tarda un tiempo en ser dominado, pero es el tiempo justo para quedar satisfecho.

El aspecto sonoro también es un punto débil, aunque como sus otros apartados funciona para cada momento de la acción, está muy mal empalmado entre los sonidos del ambiente, los enemigos y los disparos, llegando a ser un tanto confuso y caótico. Se sienten cortes del paso de un sonido a otro, lo que unido a la estética poco trabajada, hace sentir en general que es un juego de bajo nivel de producción, aun cuando su programación se nota bastante trabajada en la jugabilidad.

Después de cada nivel nos enfrentamos a un jefe final, que puede ser más difícil dependiendo del portal de salida con el que terminemos el nivel. Los jefes finales están muy bien conseguidos dentro de esta estética poligonal y proporcionan un reto más que aceptable. Al igual que los enemigos menores, sus movimientos y ataques funcionan, pero el diseño carece de carisma para hacerlos destacables dentro de la amplia gama de enemigos finales en los videojuegos.

Un aspecto que puede mejorar considerablemente la propuesta jugable, es la opción de poder jugar en cooperativo local, una opción que se agradece en una consola como la Nintendo Switch, pues es uno de sus puntos fuertes y Polygod en este sentido lo sabe aprovechar muy bien.

Polygod deja la sensación de llegar en un momento tardío de la explotación de la estética de pocos polígonos, lo que en la época de 32 y 64 bits era una limitante, se tomó de manera nostálgica en títulos como Minecraft, Grow Home, The Witness ó SuperHot. Títulos de este calibre lograron reinventar esta estética adicionando entretenidas formulas jugables. Pareciera que ya queda poco espacio para títulos de este estilo, o por lo menos Polygod lo hace ver de esa manera, pues se queda a medio camino entre querer aprovechar el boom poligonal y generar una propuesta realmente redonda que destaque dentro de su estética, dentro de los shooters o dentro de los indies.

Es un juego de un día que disfrutarás, en un mes tal vez no te acuerdes de él, pero que sin desmeritar a sus desarrolladores, hace notar un gran esfuerzo por crear una propuesta jugable entretenida, con un trasfondo de dioses y mundo oníricos que queda perdido por sus fallas artísticas.

Fuente: Copia cedida por Krafted Games